El dia designado desde tiempos inmemoriales llegó finalmente. o mejor dicho, tenía tiempo de haber llegado. El Tan temido y profetizado fin del mundo se desarrollaba en medio de vendavales de pavor, fluidos secrecionales indistintos y compras de histeria.
Los grandes ejercitos primermumdistas eran fulminados en plazos menores a horas.
A cada cual, ya no quedaban mucho que fuesen ajenos a La Gran tribulación, le afectaba esto a su manera.
Felicidades era el nombre de una niña pre-puberta ( a falta de mejor termino para catalogarla en un target market). Desde hace 4 dias, ella solo bebía slurpees sentada dentro de la seccion de juegos infantiles de algún restaurante de franquicia americana (de esos que hacen en serie comida que ni siquiera es del país de origen del duuño de la franquicia). Su paradero no le ocupaba a sus padres, ni a quienes alguna vez trabajaron en tal restaurante, ni mucho menos al dependiente que se rehusó a aceptar el pago del slurpee por estar reuniendo la mayor cantidad de bolsas de croquetas para perro y revistas sensacionalistas que pudiera llevar en su patética huida.
Entonces, pues, Felicidades estaba sentada viendo el cielo, como era zurcado por jinetes, angeles y cretauras inescrutables.
El jinete de la muerte, paseaba llenándose con el hondo horror general, con gran satisfacción, cuando reparó, desde el cielo en donde iba jineteando, en el par de neutros pero inevadibles ojos de Felicidades mientras ella sorbía ruidosamente el fondo de su vaso.
El jinete descendió y preguntole a la niña su nombre; Ella se lo dijo.
El jinete continuó intrigado, luego de un silencio, cuestionando a la niña el porque ella no corría victima del estupor, como todos los demás. La niña respondió que no sabía de lo que el jinete hablaba. El jinete, paciente pero un poco consternado, explico a Felicidades los pormenores de su labor y los acontecimientos que les rodeaban. Entonces, La chica sin estar segura porqué, le preguntó:
-¿Y si no?-
El jinete respondiole: ¿y si no que?.
Felicidades explicó al jinete que le retaba a una apuesta por el destino de lo que quedaba del mundo, a un juego de billar (quizas fue ingenuidad, quizas ni dios mismo lo sepa).
El jinete ayudó a Felicidades a montar en su caballo y se movilizaron hacia el billar mas cercano. Al llegar, el jinete tuvo que dejar afuera a su caballo, pues no se aceptaba la entrada con mascotas ni alimentos a este lugar.
Jinete y muchachita comenzaron un partido que aunque rue mas bien reñido, no duró mucho y que Felicidades perdió al no introducir la ultima esfera en el lugar que había vaticinado (reglas son reglas); De cualquier manera, el jinete, tomó el sgte. turno y colocó las piezas en el lugar esperado.
-¿Dos de tres o que?- preguntó sonriente Felicidades, mas porque había disfrutado el juego que porque le interesara salvar al mundo.
El jinete sonrío un poco admirado y un poco conmovido y entre un par de risitas afables dijo:
-felicidades…-
Hizo una pequeña reverencia y se fue volando en su corcel.
Felicidades cruzó la calle hacia la tienda de conveniencia a rellenar su vaso con slurpee. Mientras veía a jinete alejandose cada vez, sembrando la muerte a su alrededor.